
El domingo de Pascua se recuerda el momento en que Jesús resucitó, por ello, es la fiesta más importante para los cristianos. Se acompañó a Jesús en sus últimos momentos en la tierra, para que luego resucitará.
«Felices Pascuas, un día central, un día hermosísimo, celebramos la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, escuchamos en el Evangelio como María Magdalena y otras mujeres iban a visitar la tumba de Jesús con la tristeza propia de que el amigo, el Maestro ha muerto», inició el relato de la homilía de este domingo el obispo de Ciudad Juárez, José Guadalupe Torres Campos.
Pero se encuentran con la tumba vacía, no está el Señor, no está el cuerpo del Señor, entonces alguien aparece y les pregunta a quién buscan?, ellas responden a Jesús, nuestro amigo, hermano, entonces la noticia, ya no está, ha resucitado», agregó el sacerdote.
Hemos acompañado a Jesús en la Última Cena, en la Cruz y en el sepulcro, es el final de un camino, y el comienzo de otro, nuevo, lleno de esperanza, dicen las escrituras.
A lo largo de este tiempo, seguramente ha habido momentos buenos y malos para todos nosotros, como siempre en la vida; incluso ahora, sabiendo el final, nos puede ocurrir lo que le sucedió a María Magdalena y a las mujeres.
Cuando estábamos más a gusto con Jesús, se nos muere y parece el final del camino, pero sólo lo parece, ya que no lo es, muchos perdemos la esperanza, la ilusión, porque únicamente vemos la tumba vacía.
El peso de la losa también abate la certeza de que somos buenos, de que merecemos la pena, la piedra nos aplasta la autoestima, nos dan ganas de llorar, porque hemos sido cobardes, porque nos hemos dejado quitar al Señor, por no haber vivido cada momento, por haber perdido el tiempo y no haber disfrutado más de la amistad con el Señor.

