Las purgas militares de Xi muestran la inquietud sobre las fuerzas nucleares de China

Las fuerzas nucleares de China se están expandiendo rápidamente. Sin embargo, detrás de ese aumento, la purga masiva de generales y líderes militares llevada a cabo por el líder Xi Jinping ha puesto al descubierto una corrupción profundamente arraigada y ha suscitado dudas sobre la capacidad del país para gestionar su creciente arsenal.

La incertidumbre se suma a la preocupación por una nueva era de volatilidad en la política nuclear mundial, ya que el presidente Donald Trump ha pedido que se reanuden las pruebas estadounidenses y Washington también está impulsando cambios importantes en su ejército.

El secretario de Defensa del presidente Trump, Pete Hegseth, ha despedido o hecho a un lado a al menos dos decenas de generales y almirantes en los últimos nueve meses, acciones que no tienen precedentes en las últimas décadas y que se han producido sin apenas explicaciones. La reorganización ha despertado temores de una interferencia política cada vez mayor en un ejército que durante mucho tiempo se ha enorgullecido de ser apolítico.

Pete Hegseth, secretario de Defensa de Estados Unidos, observó a Trump mientras hablaba en Quantico, Virginia, en septiembre

En Pekín, las purgas de Xi en el Ejército Popular de Liberación son mucho más profundas. Ha llevado a cabo una limpieza que ha sacudido la Fuerza de Misiles, la rama que supervisa las fuerzas nucleares de China y que es una parte crucial de la ambición de Xi de construir un “ejército de categoría mundial” para 2049. Han desaparecido altos mandos. Otros han sido encarcelados. Y se ha despojado a contratistas de defensa de sus títulos del partido y se les ha detenido para ser investigados.

Aunque las motivaciones de Trump y Hegseth para remodelar el ejército estadounidense no están del todo claras, las purgas de Xi se derivan de una lección que ha extraído de la historia: que el Partido Comunista solo sobrevive cuando el ejército obedece a un líder sin cuestionar.

Al principio de su mandato, Xi advirtió que la Unión Soviética se vino abajo porque el partido perdió el control de su ejército y ningún “hombre de verdad” había dado un paso al frente, señaló Joseph Torigian, profesor asociado de la American University que ha estudiado las relaciones de los líderes chinos con el ejército.

Es probable que sus purgas militares reflejen su obsesión por prepararse para los peores escenarios dentro y fuera del país, ya sean protestas por problemas económicos o represión política, o la necesidad de luchar contra Estados Unidos en una guerra por Taiwán, la isla gobernada democráticamente que Pekín reclama como territorio propio.

“Entonces, ¿cuál es la mayor amenaza para construir un ejército que pueda derrotar a los competidores dentro de la élite, a la gente en las calles y a los estadounidenses en una guerra?”. escribió Torigian en un correo electrónico. “La corrupción es el ‘eslabón clave’”.

Xi piensa que el materialismo y la corrupción son una amenaza directa para la capacidad del ejército de derrotar a los enemigos, dijo Torigian. “En la mente de Xi, hace que los miembros del ejército sean vulnerables a la infiltración occidental, ya sea literalmente en términos de convertirse en un agente, o porque los valores occidentales conducen a un deseo de ‘nacionalizar’ el ejército y separarlo del control del partido”.

En un comentario del martes, el periódico oficial del Ejército Popular de Liberación escribió: “Para nuestros militares, la pugna contra la corrupción es una lucha política de gran envergadura que no pueden permitirse perder, y que no deben perder. Concierne a la estabilidad a largo plazo del partido y del país, y concierne a garantizar que el Estado rojo socialista nunca cambie de color”.

Esto también pone de relieve una diferencia importante entre las funciones de los ejércitos de ambos países: en China, el ejército está construido para defender al partido gobernante, principalmente; en Estados Unidos, está destinado a defender a toda la nación y a mantenerse al margen de la política.

Las destituciones en China revelan graves disfunciones en el ejército y enturbian la confianza en su preparación para la guerra. También sugieren que el Ejército Popular de Liberación, o EPL, puede ser una de las pocas organizaciones que Xi, posiblemente el dirigente más poderoso de China desde Mao Zedong, no ha logrado poner bajo su control.

“La corrupción ha sido un problema muy real para el EPL y, de hecho, es corrosiva para el ejército, razón por la cual Xi se ha tomado en serio erradicarla”, dijo Jonathan Czin, investigador de la Brookings Institution, quien anteriormente trabajó en la CIA analizando la política china.

China celebró un desfile militar en septiembre para mostrar el crecimiento de su poderío. El Ejército Popular de Liberación defiende y protege al Partido Comunista

Cuando Xi llegó al poder en 2012, el ejército chino tenía una imagen problemática como foco de corrupción. Los altos mandos se financiaban estilos de vida lujosos mediante sobornos y malversación de fondos. Con frecuencia se vendían ascensos. Y se vendían matrículas militares, que daban a sus propietarios una impunidad casi total en las carreteras chinas, a civiles.

Xi prometió profesionalizar el EPL y asegurarse de que respondiera ante él como jefe del partido; eliminó rápidamente las facciones rivales dirigidas por comandantes leales a líderes anteriores. Una década después, la limpieza no ha hecho más que intensificarse y ha atrapado incluso a altos mandos que fueron elegidos personalmente por Xi. Entre ellos se encuentra el general He Weidong, quien ocupaba el tercer puesto en la jerarquía militar china cuando fue expulsado del partido el 17 de octubre, acusado de corrupción y abuso de poder.

Otros generales expulsados fueron el almirante Miao Hua, quien supervisaba la disciplina política en el ejército y fue sometido a investigación el año pasado. Otro fue el general Lin Xiangyang, quien estaba a cargo del Mando del Teatro Oriental, fundamental en cualquier guerra por Taiwán.

Quizá lo más preocupante para Xi sean los indicios de corrupción en la fuerza de misiles, que controla casi todos los misiles nucleares de China y había sido considerada una de las joyas de la corona del ejército chino. Desde 2023, la rama se ha visto sacudida por una serie de purgas de altos mandos por corrupción que han suscitado dudas sobre su eficacia.Un informe del Pentágono del año pasado dijo que el fraude en la fuerza de misiles provocó problemas en la construcción de silos de misiles subterráneos.

Los nuevos misiles nucleares estratégicos DF-5C debutaron en un desfile militar en la Plaza de Tiananmén de Pekín, en septiembre

Los analistas afirman que esta rama es propicia para la corrupción porque mantiene uno de los mayores presupuestos del ejército chino. Además, a diferencia de los aviones de combate y los tanques, los misiles rara vez se someten a pruebas, lo que hace que detectar la malversación sea más complicado.

Algunos analistas afirman que la corrupción en la fuerza de misiles también puede estar alimentada por el escepticismo de que China vaya alguna vez a la guerra. Si hubiera una mayor sensación de urgencia, argumentan, probablemente habría menos posibilidades de que los contratistas de defensa recortaran gastos y los líderes militares se llenaran los bolsillos.

Al mismo tiempo, la modernización militar de China avanza a buen ritmo. Un desfile militar celebrado en Pekín a principios de este año mostró algunos de los drones, submarinos no tripulados y misiles hipersónicos más recientes del país. También se exhibieron los últimos misiles balísticos intercontinentales, un recordatorio del crecimiento del arsenal nuclear de China, que podría casi duplicarse para 2030.

Un vehículo aéreo de combate no tripulado del ejército chino expuesto en el desfile militar de septiembre en Pekín

Czin, de Brookings, dijo que, aunque tanto el ejército estadounidense como el chino están experimentando cambios en su cúpula directiva, cada uno de ellos cuenta con un gran número de oficiales de alto rango de donde elegir.

La cuestión, sin embargo, es si las preocupaciones de sus líderes están erosionando la atención en las misiones principales: el afán de China por tomar Taiwán y el esfuerzo de Estados Unidos por disuadirla.

Xi considera a Estados Unidos el principal obstáculo para hacer realidad su objetivo de unificar Taiwán con China. Funcionarios de inteligencia estadounidenses han dicho que Xi ha ordenado que el ejército chino sea capaz de apoderarse de la isla autogobernada para 2027, que será el centenario de la fundación del EPL.

La fuerza de misiles ocupa un lugar destacado en esos planes. China ha desarrollado misiles antibuque, conocidos como “asesinos de portaaviones”, destinados a bloquear los grupos de portaaviones estadounidenses de la zona de batalla en un conflicto sobre Taiwán. También ha construido misiles hipersónicos diseñados para atacar bases estadounidenses en todo el Pacífico, incluidas las de Guam, Filipinas, Corea del Sur y Japón.

Una comisión bipartidista nombrada por el Congreso advirtió el año pasado que China estaba superando a Estados Unidos en ventaja militar en el Pacífico occidental debido a dos décadas de inversiones concentradas. “Sin un cambio significativo por parte de Estados Unidos, la balanza de poder seguirá inclinándose a favor de China”, dijo la Comisión sobre la Estrategia de Defensa Nacional.

Para China, sin embargo, contrarrestar al ejército estadounidense es la “primera, segunda y tercera prioridad”, dijo Czin.