Nopales morados de la Zona del Silencio atraen interés científico y turístico

En la Zona del Silencio crecen una especie de nopales pero que tienen una característica que los hacen diferentes a los ordinarios: el color morado. Para Benjamín Palacios Perches, el historiador regional, no son una rareza aislada ni un mito del desierto, sino una adaptación natural a las condiciones extremas de sequía y a la presión de la fauna, aunque dijo que la ciencia aún no termina de explicar por completo por qué esta especie adopta colores tan distintos al verde tradicional de la flora. Lo que sí es verdad, es que este fenómeno ha sido uno de los atractivos de miles de turistas de todo el mundo que llegan para fotografiarlos y llevarse un recuerdo de este misterioso lugar.

Durante una entrevista, Palacios Perches explicó que estas plantas son conocidas como nopales violáceos, una especie nativa de la región que ha llamado la atención tanto de visitantes como de investigadores debido a su apariencia poco común en comparación con otros ecosistemas del país.

Detalló que, de acuerdo con estudios científicos, la intensidad del color morado está relacionada con el nivel de sequía, ya que entre más áridas son las condiciones climáticas, mayor es la pigmentación violeta que adquiere la planta.

El entrevistado señaló que esta coloración no es únicamente un efecto ambiental, sino que cumple una función defensiva, ya que ayuda a la planta a protegerse de animales que se alimentan de la vegetación del desierto.

Explicó que muchas especies de fauna consumen principalmente plantas verdes por lo que, al cambiar su tonalidad, el nopal logra despistar a sus depredadores, reduciendo así el riesgo de ser devorado.

No obstante, Palacios Perches aclaró que, pese a los avances, la ciencia aún no ha logrado determinar con precisión todas las causas que influyen en este fenómeno, por lo que continúa siendo un tema de estudio.

Añadió que los nopales violáceos representan un claro ejemplo de la evolución y adaptación de las especies del desierto, donde las condiciones extremas obligan a la flora a desarrollar mecanismos poco comunes para sobrevivir.

Finalmente, destacó que este tipo de fenómenos refuerzan el valor ambiental y científico de la Zona del Silencio, una región que sigue despertando interés por sus características naturales y por los procesos que aún permanecen sin una explicación definitiva.