
Aprender a cortar cabello se ha convertido en mucho más que adquirir una habilidad técnica para decenas de jóvenes que participan en el taller de barbería del programa Yo Soy Rediseño Social.
Para varios de ellos, el oficio ha representado la posibilidad de obtener ingresos, encontrar empleo y construir un proyecto de vida alejado de las conductas de riesgo.
Víctor Adrián Ramírez Álvarez, instructor del taller, relató que durante los últimos dos años ha impartido de manera permanente esta capacitación dentro de los programas sociales de la asociación, aunque su colaboración con la organización comenzó años atrás en distintos proyectos comunitarios.
Explicó que el curso está diseñado para que los participantes aprendan desde cero y desarrollen habilidades que puedan traducirse en una fuente de ingresos.
La capacitación forma parte de las acciones que desarrolla el centro La Tenda di Cristo a través del programa Yo Soy Rediseño Social, una iniciativa creada en 2015 para atender a jóvenes en conflicto con la ley, egresados del Centro de Reinserción Social para Adolescentes Infractores (CERSAI) y personas sujetas a medidas cautelares.
Además de los talleres laborales, los participantes reciben atención psicológica, acompañamiento educativo, apoyo para el tratamiento de adicciones, asesoría jurídica y actividades orientadas a fortalecer sus relaciones familiares y comunitarias.
“Normalmente trato de que los talleres sean desde lo más básico, que es aprender a agarrar la máquina, conocer las partes de la máquina y el equipo que necesitamos para cortar el cabello, hasta cortes más elaborados realizados con tijera, secadora, peinados o incluso aplicaciones de pigmento para que el corte se vea más trabajado”, señaló.
Además de los cortes tradicionales, los jóvenes conocen técnicas relacionadas con el cuidado personal masculino, una industria que ha crecido en los últimos años.
“Tratamos de abarcar todo lo que es parte del cuidado de la belleza en el hombre. Vemos corte de cabello, barba, delineado de ceja, peinados y hasta algunas cuestiones de cuidado facial como mascarillas”, comentó.
Ramírez Álvarez destacó que la intención es que los participantes cuenten con herramientas suficientes para incorporarse al mercado laboral o emprender por cuenta propia.
“Tratamos de enseñarles cortes básicos para que suelten la mano y después cortes que andan en tendencia. La idea es que si ellos quieren emprender o poner algo propio, tengan las herramientas mínimas para hacerlo y seguir aprendiendo con la práctica”, explicó.
Los resultados, aseguró, ya son visibles. Algunos jóvenes que iniciaron en el taller sin experiencia hoy generan ingresos gracias al oficio.
“Sí hay varios que ya tienen barberías. Algunos salieron de aquí, empezaron trabajando en una barbería y después hicieron su ahorro, adaptaron un espacio y ahora tienen su propio negocio”, relató.
Otros participantes han encontrado alternativas laborales sin necesidad de abrir un establecimiento.
“También hay muchachos que me dicen: ‘Ya hago cortes a domicilio’. Empiezan atendiendo a una persona, hacen bien su trabajo y poco a poco van formando una cartera de clientes”, comentó.
El instructor considera que la clave está en la calidad del servicio que ofrecen los jóvenes una vez que terminan su capacitación.
“Yo siempre les digo que hagan bien su trabajo porque un cliente satisfecho regresa. Si hacen bien un corte, esa persona vuelve y además los recomienda. Así es como empiezan a construir su propia clientela”, señaló.
Tan solo dentro del programa Yo Soy Rediseño Social, Ramírez Álvarez estima haber capacitado a entre 60 y 70 jóvenes, aunque en otros proyectos comunitarios ha trabajado con grupos aún más numerosos.
“De grupos de 20 o 30 personas, yo creo que al menos cinco terminan dedicándose a esto, ya sea porque trabajan en una barbería, cortan cabello en su casa o logran poner su propio establecimiento”, indicó.Para Ramírez Álvarez, el taller representa mucho más que enseñar una profesión: “Lo importante es que ellos descubran que pueden hacer algo productivo, que tienen la capacidad de aprender un oficio y generar ingresos. Cuando un joven encuentra una oportunidad de trabajo o emprende su propio negocio, cambia completamente su perspectiva de vida”, afirmó.
Actualmente, el taller permanece abierto a quienes deseen integrarse. “Aquí les prestamos el equipo, lo único que les pedimos es que traigan un modelo para practicar. Todos son bienvenidos”, concluyó.

