
El calor apretaba, pero ni los 36 grados que se sentían en la frontera más fabulosa y bella del mundo (dijo Juanga) lograron espantar a los aficionados que desde las 5:00 de la tarde comenzaron a llegar al Estadio 8 de Diciembre para disfrutar la transmisión del partido de la Selección Nacional.
Lo que empezó como una reunión para ver futbol terminó convirtiéndose en una auténtica verbena popular.
Había comida, bebidas, música, juegos gratuitos y familias enteras dispuestas a pasar una tarde diferente.
Los más entusiastas fueron los niños. En el stand del FC Bravos se formaron largas filas para probar suerte frente a la portería, anotar goles y llevarse algún recuerdito.
Algo parecido ocurrió en los módulos de tiendas de conveniencia, donde los participantes intentaban meter goles que parecían imposibles. Los tiros no siempre terminaron en la red, pero todos se fueron al menos con un baloncito antiestrés bajo el brazo.
Mientras tanto, Los Ángeles Azules sonaban por las bocinas y le daban al ambiente un toque todavía más festivo.
Entre canción y canción, los vendedores de cerveza iban y venían entregando una por aquí y otra por allá.
El calor, decían los caballeros y una que otra aguerrida aficionada, bien lo ameritaba.
Ni siquiera el sol desanimó a quienes llegaron temprano para apartar sus sillas lo más cerca posible de la pantalla gigante. La estrategia era sencilla: sufrir, gritar y celebrar cada jugada en primera fila.
Y como ningún partido se disfruta con el estómago vacío, tampoco faltaron las hamburguesas, los hot dogs, los elotes y otros antojitos.
Los precios accesibles ayudaron: la cerveza, por ejemplo, se ofrecía en extraordinaria promoción de dos por 50 pesos.
Por los pasillos también desfilaron las clásicas pelucas tricolor, los silbatos de 20 pesos y las latas de espuma, siempre listas para embadurnar a algún incauto que se cruzara en el camino.
Entre los asistentes estaba Geraldine Miranda, vecina de Parajes de Oriente, quien llegó acompañada por un grupo de 18 personas, incluidos cuatro niños y dos bebés.
Según contó, la invitación llegó por parte de la Dirección de Desarrollo Social y no lo pensaron dos veces.Acostumbradas a este tipo de actividades, recordó que el año pasado también acudieron a una función de lucha libre organizada en el mismo lugar.
Al caer la tarde, el Estadio 8 de Diciembre lucía lleno de caritas felices, familias conviviendo y aficionados pendientes de cada jugada.
