
Cuando el presidente Donald Trump pareció dar marcha atrás una vez más a la amenaza de una escalada militar contra Teherán, ofreció nuevo material para la narrativa que los funcionarios iraníes están ansiosos por promover: que ellos no son los que temen a la guerra, sino Trump.
Los líderes de Irán creen haber encontrado el talón de Aquiles del mundo. Con la ayuda de milicias aliadas regionales, Teherán pasó la última semana subrayando su capacidad para amenazar varias de las instalaciones energéticas y vías marítimas más cruciales del mundo.
Ha seguido elevando la apuesta en su enfrentamiento con Washington sobre cuándo y cómo detendría sus renovadas hostilidades y volvería a un efímero acuerdo para iniciar negociaciones de paz, las cuales se vinieron abajo el mes pasado.
Cuando Trump dio a entender en días recientes que una escalada importante era inminente si no se hacían concesiones, dos exfuncionarios iraníes afirmaron que los líderes de Teherán le dijeron que lo hiciera.
“Están listos para la guerra y no darán marcha atrás”, dijo Amir al-Mousawi, un exdiplomático iraní, quien dijo haberse reunido durante el fin de semana con el equipo que rodea al principal negociador y presidente del Parlamento de Irán, Mohammad Bagher Ghalibaf. Al-Mousawi describió un intercambio de mensajes entre funcionarios estadounidenses e iraníes enviados durante el fin de semana a través de funcionarios pakistaníes y cataríes, en los cuales, según dijo, Trump amenazó con lanzar un ataque severo contra infraestructura civil, como plantas de energía, si los iraníes no reanudaban las negociaciones.
Los iraníes se negaron, dijo, a menos que Washington volviera al “memorando de entendimiento” acordado previamente, el cual muchos expertos dicen que favorecía a Irán.
“‘No tenemos ningún problema con la guerra en absoluto, y estamos listos para la gran confrontación’”, dijo Al-Mousawi que los iraníes le dijeron a los estadounidenses. “Trump les dijo a los iraníes: ‘Atacaré la energía en Irán’. Entonces los iraníes dijeron: ‘Si ustedes atacan, nosotros atacamos’”.
Los funcionarios iraníes han detectado un patrón en los intentos de Trump por moldear las negociaciones, dijo Sasan Karimi, exfuncionario de alto rango del gobierno iraní y profesor de estudios iraníes en la Universidad de Teherán.
“Cada vez que intercambian mensajes, Trump comienza a aumentar la presión amenazando a Irán, para tratar de obtener más concesiones”, dijo. “Pero Irán no es tan fácil de manipular”.
El domingo, Trump dijo que había desistido de su escalada planeada después de que Irán y otros países de Medio Oriente solicitaran un aplazamiento porque se habían acordado los “perímetros de un acuerdo”.
Sin embargo, no hay señales externas de ningún regreso a las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. Lo que sí parece haber sucedido es que Arabia Saudita y Catar expresaron preocupaciones sobre su capacidad para defender adecuadamente sus instalaciones de petróleo y gas, según dos diplomáticos regionales.
El canal oficial de noticias saudí dijo el domingo que el príncipe heredero Mohammed bin Salman, el gobernante de facto de Arabia Saudita, había hablado recientemente con Trump para enfatizar “la necesidad de priorizar el diálogo para reducir las tensiones” y “prevenir un conflicto más amplio”.
Los ataques recientes en la región reflejan la gravedad de esas preocupaciones.
Hace dos semanas, los hutíes, una fuerza miliciana alineada con Irán en Yemen, bloquearon el uso por parte de Riad de la vía navegable de Bab al-Mandab en el mar Rojo. Los saudíes habían estado transportando petróleo por oleoductos hasta su puerto en la costa occidental del mar Rojo para eludir el control asfixiante de Irán sobre el transporte marítimo mundial a través del estrecho de Ormuz, la principal ruta para los envíos de petróleo que salen del golfo Pérsico.
Luego, la semana pasada, varios drones atacaron dos importantes instalaciones petroleras en Arabia Saudita, un ataque que Riad atribuyó a milicias respaldadas por Irán en Irak. Un día después, dos barcos se incendiaron en el puerto de Damieta en Egipto, en lo que las autoridades egipcias dijeron que parecía haber sido un ataque con drones y que fue visto ampliamente por analistas regionales como otro ataque de Irán o sus grupos aliados.
En el fondo, la lucha actual “tiene que ver con rediseñar la arquitectura de seguridad regional”, dijo H. A. Hellyer, investigador asociado sénior en el Royal United Services Institute en Londres.
El núcleo de esa lucha es la cuestión de quién controla el estrecho de Ormuz, dijo. “Los iraníes hablan muy, muy en serio sobre no ceder el control, y están dispuestos a bombardear cosas para asegurarse de que así sea”.
Más allá de esa dinámica, también ocurrió el sorprendente ataque del 17 de julio contra sitios militares estadounidenses en Jordania, en el que perdieron la vida tres soldados estadounidenses.
“El ataque en Jordania fue el punto de inflexión”, dijo Ali Vaez, director del proyecto sobre Irán del International Crisis Group. No solo demostró que el arsenal de misiles de Irán seguía bien abastecido, dijo, sino también que las capacidades de inteligencia de Teherán eran superiores a lo que se creía anteriormente.
El ataque también generó una inusual disidencia dentro de Jordania, un aliado de seguridad crucial de Estados Unidos en la región. Cientos de jordanos prominentes, entre ellos políticos y abogados, desafiaron los límites de su país a la libertad de expresión para exigir la retirada de las fuerzas estadounidenses.
“Toda la estrategia iraní en este periodo ha tenido como objetivo hacer que Estados Unidos comprenda que, si hay una nueva escalada, el alcance y la magnitud de la respuesta iraní serían mucho más devastadores para la región y la economía mundial”, dijo Vaez.
Trump, agregó, nunca ha comprendido del todo las motivaciones de los iraníes, cómo se niegan a ser intimidados o amedrentados. Tanto en su mandato actual como en el anterior, Trump “se niega a aprender la lección” de que las tácticas agresivas hacia Irán no han hecho más que endurecer su postura, dijo Vaez.
“Ya son ocho años de su máxima presión” con sanciones económicas, dijo, que ahora se combinan con una presión militar “que nunca ha producido lo que él ha buscado”.
Al mismo tiempo, Washington está lidiando con reservas agotadas de municiones. Algunos oficiales militares dicen que sus capacidades para librar futuros conflictos —como una llamada guerra de grandes potencias contra China— podrían verse mermadas por escaseces que podría llevar años revertir, en particular de armas defensivas como los misiles Patriot.
“Las opciones militares de Estados Unidos no son ideales, y no se trata simplemente de la escasez de municiones reportada”, dijo Farzan Sabet, analista sobre Irán en el Geneva Graduate Institute en Suiza.
“Uno, no está claro que la escalada militar limitada y acotada en el tiempo que Trump está dispuesto a emprender en este momento vaya a ser suficiente para cambiar los cálculos de Irán”, dijo. “Dos, es difícil imaginar que estas opciones puedan degradar la capacidad iraní de misiles y drones hasta el punto de impedirle cerrar eficazmente el estrecho de Ormuz o seguir dañando la infraestructura energética y crítica del Golfo”.
Envalentonados, algunos miembros conocidos de la línea dura de Irán se burlaron del dilema en el que parece encontrarse el gobierno de Trump.
Ebrahim Rezaei, portavoz del comité de seguridad nacional y política exterior del Parlamento iraní, retomó una amenaza que Trump hizo en abril de que bombardearía a Irán hasta “devolverlos a la Edad de Piedra”.
“Si se realiza un ataque contra Irán”, escribió Rezaei en una respuesta en X a las renovadas amenazas de Trump en los últimos días, “devolveremos a toda la región y a sus instalaciones a la Edad de Piedra”.
Cuando Trump dijo que estaba posponiendo una escalada, un destacado comentarista de la línea dura, Seyed Mohammad Marandi, publicó una foto de tacos de pollo en su cuenta de X. Se trataba de una referencia a un acrónimo sarcástico utilizado por los críticos de Trump: TACO, por “Trump Always Chickens Out” (Trump siempre se echa para atrás).
“Irán no ha cedido”, escribió encima.
Lejos de estar más cerca de las conversaciones, algunos expertos regionales creen que ambas partes están más distantes que nunca.
Karimi, el exfuncionario iraní, dijo que Irán debería prepararse para otra fase de la guerra en las próximas semanas.
Mientras Teherán y Washington sigan convencidos de que son sus propias demandas las que deben cumplirse, dijo, las conversaciones no serán significativas.
“Para llegar a un acuerdo, ambas partes deben ser políticamente humildes y aceptar que sus ambiciones maximalistas no funcionarán”, dijo, y añadió que, por ahora, “esas dinámicas no están sobre la mesa”.

