
En pleno desierto, la Zona del Silencio se está convirtiendo en una nueva oportunidad para la agricultura en el sur de Chihuahua tras detectarse mantos acuíferos situados a menos de 200 metros de profundidad. A decir de Roberto Baca, titular de la Sader en el Distrito Río Florido, este hallazgo permitirá cultivar chile, melón y sandía en una región donde la escasez de agua obliga a perforar hasta 500 metros, lo que podría reconfigurar el mapa agrícola del estado y generar una fuente alternativa de abastecimiento para miles de productores.
El mapa agrícola al sur de Chihuahua comienza a redistribuirse conforme a la disponibilidad del agua y ante ello, la Zona del Silencio se convirtió en una oportunidad para los agricultores que habitan cerca pues se descubrió que hay cuerpos de agua en el subsuelo y que sirve justamente para la siembra diaria. Cabe mencionar que, pese a ser desierto y la incredulidad de muchos, la zona se ha convertido en un punto de garantía para el acceso al agua.
De acuerdo al delegado regional de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, Roberto Baca, la producción agrícola en la Zona del Silencio ha ido en ascenso en los últimos cinco años en donde los campesinos han sembrado desde lo básico como la alfalfa hasta sandía y melón. No obstante, en el último año bajó la producción por cuestiones económicas como el precio y comercialización de los cultivos más no por cuestiones de sequía como ha pasado en zonas como Jiménez, López y hasta Coronado.
El paisaje es desértico en su totalidad. Hay matorrales por doquier así como una flora y fauna singulares que se produce justamente por la falta de lluvias y las altas temperaturas que pueden llegar hasta los 40 grados centígrados. No obstante, pese a todos los tópicos sobre el desierto, los productores descubrieron que existen cuerpos de agua en el subsuelo suficientes para la producción agrícola y la oportunidad no pasó desapercibida.
Es de comparar que esta zona puso en jaque la distribución del mapa agrícola pues anteriormente los municipios de Jiménez, Coronado y López eran punta de lanza para la agricultura debido a su cercanía con el río Florido y las reservas de agua. Sin embargo, las reservas fueron disminuyendo por el aumento de la siembra nogalera, usos industriales y del campo, lo que dejó en crisis a los campesinos quienes en la actualidad, deben perforar hasta medio kilómetro de profunidad para encontrar el vital líquido.
Pese a ser desierto, la Zona del Silencio ofrece mejores condiciones para la agricultura
El desierto de Jiménez conocido como la Zona del Silencio resulta más atractivo para la producción agrícola que los campos de López, Coronado y la cabecera municipal pues de acuerdo a Roberto Baca, titular delegacional de la Sader, en estos últimos los pozos para extraer agua poseen una profundidad de hasta 500 metros, mientras que en el desierto apenas llegan a los 200 metros y actualmente la tierra permite sembrar sandía, melón, chile y alfalfa.
A casi una hora de distancia entre la cabecera municipal de Jiménez se encuentra la conocida Zona del Silencio, un lugar emblemático internado en el desierto sur de Chihuahua que colinda con Coahuila y Durango. Ahí, además de existir los misterios de portales extraterrestres, también se ha optado por sembrar sandía, melón y hasta chile debido a la suficiencia hídrica que existe.
De acuerdo a Roberto Baca, desde hace menos de cinco añosse conoció que, increíblemente, la Zona del Silencio cuenta con tierras que aportan nutrientes para el crecimiento adecuado de las siembras y esto es debido a que hay disponibilidad de agua a diferencia de otras zonas como Coronado, López y hasta Jiménez mismo.
El funcionario explicó que desde el último lustro se ha prolongado una sequía intensa que ha dejado afectaciones económicas en el campo chihuahuense pues los pozos de agua se han estado agotado, obligando a los campesinos a perforar a mayor profundidad para extraer hasta la última gota del vital líquido.
Según explicó, los agricultores de estos tres municipios necesitar excavar hasta los 500 metros de profundidad, es decir, casi medio kilómetro para encontrar algún cuerpo de agua que permita regar las siembras como de nogales y de chile. Por ello, lamentó que el panorama sea de riesgo para los próximos meses.

