
Para Norma Zubiate, la carrera Jump Jump Run no representaba solamente una actividad deportiva. Era una oportunidad para convivir con su esposo y sus siete nietos, de entre 3 y 14 años, y convertir el evento en una celebración familiar con motivo del Día del Abuelo.
La familia llevaba días preparándose para la carrera. Habían comprado sus atuendos para acudir vestidos de manera similar y realizado un esfuerzo económico para cubrir las inscripciones de los nueve integrantes. Todo estaba listo para que los niños vivieran una jornada que esperaban con entusiasmo.
La ilusión, sin embargo, comenzó a cambiar cuando acudieron a uno de los puntos señalados para la entrega de paquetes y encontraron que no había lo esperado. La situación generó dudas entre los familiares, quienes comenzaron a sospechar que algo no estaba bien con la organización del evento.
“Nosotros íbamos a participar mi esposo y yo y siete de mis nietos. Ya estábamos preparados con nuestros outfit para ir todos iguales”, relató Norma, quien recordó que, especialmente las niñas, esperaban con emoción el día de la carrera.
La familia tenía un motivo adicional para esperar con entusiasmo la fecha: querían aprovechar la convivencia para festejar el Día del Abuelo. Para los pequeños, la carrera se había convertido en algo más que correr; era una experiencia que compartirían con sus abuelos y que habían esperado durante días.
La cancelación obligó a Norma y a su esposo a darles una noticia que no querían transmitir. Los niños no alcanzaban a comprender por qué una actividad que ya tenían preparada y que esperaban con tanta emoción simplemente ya no se realizaría.
“Sí fue algo muy triste, más que nada para los niños, porque no entendieron; estaban muy emocionados con esa carrera”, contó Norma, visiblemente afectada por la situación.
Además de la decepción de los menores, quedó la preocupación por el dinero que la familia había destinado a las inscripciones. Norma explicó que los nueve lugares fueron pagados con ahorros familiares y que, aunque el gasto económico representa una pérdida importante, lo que más les duele es haber tenido que apagar la ilusión de los niños.
La familia también intentó buscar una respuesta sobre la devolución del dinero. Norma señaló que envió un mensaje para preguntar dónde podía recuperar el pago y recibió una respuesta en la que le solicitaron sus datos, sin embargo, al día siguiente la página relacionada con el evento ya no estaba disponible.
“Nosotros hicimos nuestro propio ahorro para poder pagar los boletos de los nueve, pero aquí lo más triste es que nuestros niños se quedaron sin esa participación”, expresó.
Ahora, mientras esperan alguna respuesta sobre el dinero, Norma se queda con la frustración de una celebración familiar que no pudo concretarse. Para ella, lo más difícil no fue únicamente perder lo que habían gastado, sino explicarles a sus nietos que aquel día que imaginaban juntos, con sus abuelos y vestidos para la ocasión, finalmente no ocurriría.

