Aurora Reyes vuelve a Parral: 30 obras recuperan los paisajes del desierto que marcó su infancia

La obra de Aurora Reyes, considerada la primera muralista mexicana, finalmente llegó a Parral, su tierra natal, a través de 30 piezas entre pinturas y dibujos que recuperan los paisajes, colores y atardeceres del desierto chihuahuense que conoció la artista hace más de un siglo. Su nieto Héctor Godoy sostuvo que esta exposición temporal instalada en Casa Botello es muestra de la grandeza cultural del país y refleja cómo una mujer del norte, por medio del arte, aportó su visión de las problemáticas que se estaban viviendo en pleno siglo XX.

La muestra, instalada en dos salas del Centro Cultural Casa Botello, reúne pinturas al óleo, dibujos y fotografías de la vida personal y artística de Reyes, incluyendo imágenes de su relación con figuras como Frida Kahlo, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Para la familia de la muralista, se trata además de un regreso simbólico a la ciudad donde nació el 9 de septiembre de 1908 y que abandonó cuando apenas tenía cinco años debido a la Revolución Mexicana.

Los recuerdos del desierto

Héctor Godoy Lagunes, nieto de la muralista, explicó que su abuela nació en Hidalgo del Parral, hija del capitán León Reyes, un ingeniero militar especializado en minas que había sido contratado para trabajar en La Prieta y buscar la manera de recuperar su producción cuando las vetas comenzaban a perder rendimiento.

Durante sus primeros años, el trabajo de su padre llevó a la familia también a Jiménez, donde la artista tuvo contacto con el desierto que terminaría convirtiéndose en una de las imágenes constantes de su obra. Godoy recordó que su abuela hablaba particularmente de las dunas, las minas y los atardeceres del norte, imágenes que permanecieron presentes tanto en su producción pictórica como en su poesía.

“Lo que más le gustaba de allá del norte eran esos atardeceres mágicos y el sentido de grandeza que se sentía allá”, relató el nieto de la artista al recordar las historias que ella compartía con su familia.

De acuerdo con Godoy, la creadora solía contar que durante su infancia se escapaba de su casa para contemplar la puesta de sol. Con apenas cuatro o cinco años, subía a una duna de arena para observar el cielo y las nubes teñidas por los colores del atardecer.

Ese recuerdo acompañó a Reyes durante el resto de su vida. Su nieto explicó que el desierto aparece de diferentes maneras a lo largo de su obra y también en su poesía, como ocurre con “Estancias en el desierto”, poema dedicado a los paisajes del norte de México.

Por ello, el regreso de sus pinturas a Parral tiene para la familia un significado que va más allá de presentar una colección artística. Es también el reencuentro de la obra de Reyes con los paisajes que conoció durante su niñez y que, pese a haber vivido la mayor parte de su vida en la Ciudad de México, permanecieron en su memoria.

De Parral a la Ciudad de México

Aurora Reyes tuvo que abandonar Chihuahua cuando tenía cinco años. La familia salió hacia la Ciudad de México después de que la violencia revolucionaria alcanzara directamente a los Reyes.

Su abuelo, el general Bernardo Reyes, murió el 9 de febrero de 1913 durante los acontecimientos conocidos como la Decena Trágica. A partir de entonces, la familia fue perseguida y tuvo que abandonar sus bienes para protegerse.

Godoy relató que Aurora recordaba aquel viaje desde Chihuahua hasta la capital como una travesía complicada. La familia se trasladó en carreta y tuvo que enfrentar puestos revolucionarios, recorridos nocturnos y el peligro de los coyotes, por lo que realizaban fogatas para mantenerlos alejados.

Al llegar a la Ciudad de México, la situación no mejoró inmediatamente. La familia Reyes fue considerada no grata por el régimen y tuvo que permanecer escondida en una vecindad de La Lagunilla, después de haber dejado atrás prácticamente todo lo que tenía.

La situación económica obligó también a que Aurora participara desde pequeña en la manutención familiar. Su madre, Luisa Flores Arnó, había aprendido a preparar bisquetes de trabajadores chinos relacionados con la construcción del ferrocarril en el norte del país y comenzó a elaborarlos para venderlos en la capital.

Aurora, siendo todavía una niña, recorría las calles ofreciendo el pan. Godoy recuerda que salía con una tabla y anunciaba los productos para conseguir ingresos para su familia.

Posteriormente, con la amnistía, pudo incorporarse a las escuelas públicas. Hasta entonces había recibido educación en casa con maestros contratados por su padre. Esa etapa de su vida marcó el comienzo de una trayectoria que posteriormente la relacionaría con algunos de los principales artistas e intelectuales mexicanos del siglo XX.

La primera muralista mexicana

En 1936, Reyes ingresó a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) y participó en un concurso por oposición para realizar un mural.

Aurora ganó aquella convocatoria y obtuvo la oportunidad de pintar su primer fresco en el Centro Escolar Revolución, ubicado en Arcos de Belén, Ciudad de México. La obra fue titulada originalmente “La maestra asesinada”, aunque posteriormente las autoridades solicitaron cambiar su nombre por “Ataque a la maestra rural”.

Para su nieto, ese momento representó uno de los principales hitos de su carrera, ya que Aurora concursó contra hombres y fue la única mujer que consiguió realizar y firmar una obra en aquel espacio.

“Ella es la primera mexicana en lograr proyectar, plasmar y firmar un mural”, sostuvo Godoy al explicar la relevancia de este episodio en la historia de su abuela.

El Centro Escolar Revolución tenía además una relación con la transformación educativa impulsada durante el gobierno de Lázaro Cárdenas. El inmueble albergó anteriormente la cárcel de Belén y posteriormente proyectos piloto de la educación socialista.

La trayectoria de Reyes continuó vinculada con la enseñanza. Se convirtió en maestra de artes plásticas, ingresó al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y llegó a ocupar la Dirección de Acción Femenil.