Ahí viene Trump

Tras la elección presidencial estadounidense, analistas desmenuzan las causas y consecuencias del triunfo arrollador de Donald Trump, candidato republicano. Advierten riesgos y desafíos para la democracia, así como un panorama complicado para México en los próximos cuatro años.

Denise Dresser

A Donald Trump hay que creerle lo que dice, y más aún montado sobre la marea roja que recorre a Estados Unidos. Una elección con resultados inesperados ha producido lo que el Presidente electo llama un “mandato”.

Regresa a la Casa Blanca con más fuerza y menos constricciones, con más apoyos y menos resistencias. Empoderado y legitimado, Trump se encamina a llevar a cabo una agenda radical con implicaciones graves para el mundo, y probablemente peores para la relación bilateral.

Los temas relacionados con la inmigración, la criminalidad, la economía y la frontera ocuparon un lugar central en su agenda electoral, y seguirán dominando las decisiones de su gobierno. Trump amplificó su base de apoyo, montando sobre el agravio, y gran parte del enojo transita por temas que involucran a México. Trump reloaded es un peligro para México.

Trump se volvió un receptáculo del enojo con las élites, el resentimiento con el status quo, la frustración con la inflación, y el empoderamiento de mujeres y minorías. Aquellos que percibieron al trumpismo del 2016 como un accidente histórico se equivocaron. En retrospectiva, la anomalía política fue la presidencia de Barack Obama. A partir de ese momento, se pensó que la coalición progresista, multirracial, cosmopolita construida por el Partido Demócrata sería la coalición política dominante en los años por venir. Parecía un reflejo del país que se aceptaba a sí mismo como diverso y plural; que había logrado exorcizar los demonios del racismo y la exclusión. Pero la victoria de Trump nos recuerda que las peores pulsiones siguen vivas en amplios sectores de la sociedad. A Trump lo regresan al poder los hombres blancos, las mujeres blancas y los hombres latinos.

Es cierto que el resultado electoral se explica por factores económicos. La pandemia golpeó fuertemente a la clase trabajadora –incluyendo latinos– que se enfrentó a despidos, inflación, altos precios en el supermercado y las gasolineras. Los damnificados post-pandemia castigaron al partido en el poder por las carestías que vivieron y los retos que aún enfrentan. El senador demócrata Bernie Sanders lo sentenció de manera tajante: “El Partido Demócrata abandonó a la clase trabajadora y no debe sorprenderse que la clase trabajadora haya abandonado al partido”. La clase social jugó un papel determinante en el resultado, más allá de la etnicidad.

Los hombres latinos jalaron la escalera para que otros no pudieran llegar en el futuro; para que otros no lograran obtener lo que tanto trabajo –y quizás varias generaciones– les había costado a ellos. No se solidarizaron con los inmigrantes atacados y amenazados por Trump. Les dieron la espalda, junto con muchos otros grupos, a quienes les importó votar su bolsillo y no su conciencia social. Los miembros de una cultura machista que no creen en el derecho a decidir acabaron votando por un hombre blanco que los desdeña, pero comparte sus valores conservadores, aunque en su propia vida los haya traicionado.

La misoginia estadounidense sigue ahí y ha impedido la llegada de dos mujeres a la presidencia: Hillary Clinton y ahora alguien que además cargaba con un perfil multirracial, que alienó a los hombres latinos.

Una de las tantas paradojas de la elección es que la clase trabajadora blanca y latina ha apostado por un líder político que difícilmente mejorará sus condiciones de vida. Trump gobernará en alianza con los plutócratas de su país –con Elon Musk– y recortará impuestos para los más ricos. Las promesas de incrementar los aranceles para proteger al sector manufacturero estadounidense sólo encarecerán los productos del mercado nacional, que dependen de insumos baratos, y podrían producir un nuevo repunte inflacionario.

Habrá recortes a la salud, a la educación, a las redes de seguridad social que Biden intentó tejer de nuevo, para recrear un Estado del Bienestar para el siglo XXI. Si comienzan las deportaciones masivas, Estados Unidos perderá la mano de obra barata en sectores clave, encareciéndolos para todos, y produciendo una profunda dislocación social.