“Sembrar ya no alcanza ni para vivir”: Agricultores denuncian altos costos de producción

Los agricultores del estado de Chihuahua atraviesan una de las crisis más severas en años recientes, donde los costos de producción aumentan sin freno, mientras que el precio al que venden sus productos se desploma hasta el suelo, dejando una ecuación que es tan brutal que muchos productores aseguran que ya no saben ni qué sembrar en sus tierras.

En los surcos del centro-sur, donde el maíz, la cebolla, los chiles y la sandía han dado trabajo a miles de familias por generaciones, hoy debido a diversos factores económicos y gubernamentales domina la incertidumbre, provocando que, a pesar de que la tierra sigue dando, ya no es suficiente para vivir.

Efraín Cisneros, un productor local de Delicias, describió la situación con preocupación en el rostro, “el diésel está carísimo, los fertilizantes están carísimos; todo se incrementó muchísimo” […] “Pero los precios de venta están por los suelos. Lo que queremos vender no vale”.

Habló de los cultivos que más han sufrido: el maíz, prácticamente regalado; las cebollas, “tiradas” en el mercado; los chiles, sin precio que cubra ni la inversión inicial; y las sandías, que tampoco dieron respiro esta temporada, “todo está muy barato y uno no puede recuperar ni lo que gastó. ¿Así cómo le hacemos?”.

Cisneros reconoció que muchos agricultores están sembrando “a ciegas”, esperando que algún cultivo dé lo suficiente para pagar deuda tras deuda, “no sabemos ni siquiera qué sembrar, mucho menos si vamos a poder sostenernos”.

Además, indicó que la desaparición de Financiera Rural agravó la situación, ya que hasta hace unos años, este organismo público ofrecía créditos accesibles para que los productores pudieran costear siembras, insumos y maquinaria. Hoy, ese respaldo no existe.

“El gobierno era el garante de todo. Había un 96% de recuperación de cartera aquí en Chihuahua, estábamos bien”, asegura Efraín, “no había razón para cerrar la financiera. Fue una decisión centralista que nos pega a todos”.

Sin créditos, los productores tienen que buscar financiamientos más caros o arriesgar lo poco que tienen. Y eso, en medio de una crisis de precios, es un salto sin red.

El problema se vuelve todavía más profundo cuando se suma la incertidumbre sobre el agua. Cisneros explicó que sin certeza jurídica sobre el recurso no pueden acceder a créditos ni planear su producción, “si no tenemos certeza del agua, no hay producción posible. Así de sencillo”.

A la par, la propuesta de una nueva Ley General de Aguas mantiene en alerta al sector y los productores temen que esta legislación complique aún más los trámites, limite concesiones y criminalice a quienes intenten regularizarse, “el campo ya está muy lastimado. Y con esta ley, peor”, lamentó.

Mientras los números no dejen de sumar pérdidas, cientos de productores trabajan únicamente para sobrevivir. La rentabilidad —esa palabra que justificaba las largas jornadas bajo el sol— se escurre entre dedos llenos de tierra, “estamos luchando por todos, pero sobre todo estamos luchando por sobrevivir”, expresa Efraín, con la voz entre el enojo y el cansancio.

Y aunque la población en las ciudades paga precios altos por los mismos alimentos que resultan casi regalados al agricultor, esa ecuación desigual beneficia únicamente a intermediarios y cadenas comerciales. Del campo al supermercado, los productos aumentan hasta tres o cuatro veces su valor, pero el productor sigue recibiendo lo mínimo.

Con un panorama que se estrecha más cada temporada, la pregunta es inevitable: ¿qué queda para quienes alimentan al país? “Sobrevivir… por ahora”, dijo Cisneros, “pero un día el campo se nos va a cansar. Y entonces, ¿de dónde va a salir la comida?”.

Entre incertidumbre y desesperación, los agricultores de Chihuahua siguen sembrando, porque es lo que saben hacer, es lo que quieren seguir haciendo, pero también porque, aunque suene contradictorio, no tienen otra opción para intentar seguir adelante.