Siete de cada diez ranchos no sobreviven a la sucesión familiar

Heredar un rancho no significa saber administrarlo ni garantiza que el patrimonio familiar llegue a la siguiente generación. En México, sólo tres de cada 10 ranchos que buscan pasar a la siguiente generación lo consiguen con éxito; los otros siete terminan vendidos, divididos o atrapados en conflictos entre familiares, de acuerdo con Fausto Bermúdez, ganadero y administrador juarense.

“No hay herencia ni ahorros que soporten un mal administrador”, afirma Bermúdez, quien pertenece a una familia con cinco generaciones dedicadas a la ganadería y actualmente administra Rancho Terrenates, una operación de 11 mil hectáreas en el municipio de Buenaventura.

Fausto Bermúdez es nieto de don Jaime Bermúdez, expresidente municipal de Ciudad Juárez y uno de los fundadores de la industria maquiladora en la ciudad. Su familia ha estado vinculada durante generaciones tanto a la ganadería como a los negocios, una herencia que, considera, no puede sostenerse solamente con la transmisión de tierras y ganado.

El propio Fausto recibió el rancho como parte de una sucesión familiar: su abuelo se lo heredó a su madre y posteriormente ella lo pasó a sus hijos. A él le correspondió asumir la administración hace aproximadamente 15 años.
“No es lo mismo saber manejar el ganado y cuidar cultivos que saber administrar un negocio que involucra ganado y cultivos”, explicó.

En Chihuahua, señala, el productor promedio tiene alrededor de 80 cabezas de ganado. Ese número puede parecer pequeño frente a las grandes operaciones ganaderas, pero para una familia representa su patrimonio, su fuente de ingresos y, muchas veces, el resultado de varias generaciones de trabajo: “No porque sea una extensión pequeña quiere decir que no tenga un valor para esa familia”.

El problema, explicó, no se limita a los grandes ranchos. “El productor mediano tiene problemas, el productor grande tiene problemas; el dinero no soluciona los problemas, simplemente los escala”. Por ello, la administración se vuelve determinante y es resumida por Fausto Bermúdez en una frase: “No hay negocios malos, hay malos administradores”.

Durante generaciones, afirma, en el campo se ha enseñado a producir ganado y cultivos, pero no a cómo administrar una empresa familiar, manejar personal, conocer los puntos de equilibrio, tomar decisiones financieras o resolver los conflictos que surgen entre los integrantes de una familia.

Y ese vacío puede ser devastador cuando llega la sucesión, que, a diferencia de una herencia que es un traspaso de bienes, la primera “no se pasa en un papel”, porque implica entregar conocimientos, responsabilidades y autoridad para administrar el patrimonio.

Cuando ese proceso no se prepara, la muerte o el retiro del fundador puede convertirse en el detonante de una disputa en la que los hermanos pueden terminar enfrentados, demandándose o intentando dividir una propiedad sin ponerse de acuerdo.

Al final, dice Fausto Bermúdez, las tierras pueden terminar vendiéndose, separándose o quedando en medio de un conflicto que no tiene solución. “Siete de cada 10 ranchos que quieren pasar a la siguiente generación no lo logran; solamente tres de cada 10 logran pasar con éxito a la siguiente generación”, afirma.

Para evitarlo, considera indispensable preparar no solamente a los herederos, sino al propio rancho: “El techo de los padres es el piso de los hijos. Lo que para nosotros son lujos, para nuestros hijos serán necesidades. Es más importante que el rancho esté listo para recibir a la próxima generación”.

Fausto Bermúdez considera que también deben separarse tres elementos dentro de un patrimonio familiar: la tierra, la operación y la familia. La meta, según explicó, debe ser que el patrimonio siga siendo rentable para que la familia tenga razones para conservarlo y pueda transmitirlo nuevamente porque “los negocios que dan dinero no se venden”.

Bajo este enfoque, Fausto Bermúdez y su esposa llevaron a México y posteriormente a Latinoamérica a Ranching 4 Profit, una escuela de administración para el sector agropecuario que tiene sus raíces en Estados Unidos y más de cuatro décadas de trayectoria. La organización fue fundada por Stan Parsons y actualmente trabaja con Dallas Mount y un equipo internacional; su versión en español señala que ha ayudado a más de mil ganaderos y agricultores a mejorar sus ranchos.

La llegada del programa a México surgió después de que Bermúdez conociera la metodología en Estados Unidos. De acuerdo con su perfil profesional, después de administrar su propio rancho y capacitarse con asesores de distintos países, decidió junto con su esposa llevar el proyecto a México y al mundo de habla hispana.

La escuela plantea una diferencia fundamental: producir bien no necesariamente significa tener un negocio rentable. De ahí que Fausto Bermúdez resumió el propósito de su trabajo en tres conceptos: “tierras sanas, familias felices y negocios rentables”.

Su perfil profesional señala además que ha impartido más de 47 escuelas de Ranching for Profit en distintos países de América Latina, con herramientas de administración y manejo regenerativo.

En Chihuahua, el siguiente curso está programado del 31 de agosto al 4 de septiembre. Se trata de una capacitación de 40 horas en la que productores trabajan temas de administración, producción, manejo de la tierra, dinero y personas.

El objetivo no es decirle al ganadero cómo debe trabajar su rancho, sino ayudarlo a tomar mejores decisiones: “Nunca vamos a poder enseñar; lo que nosotros buscamos es hacerlos pensar”, concluyó.